sábado, 16 de diciembre de 2017

ALFIL NEGRO

SOBRE LA DEMOCRACIA, UN DEBATE SIN FINALIZAR
-Primera parte-

Por Lic. José Felipe Martínez Dominguez
Catedrático del Área Social Humanista
Centro Universitario de Sur Occidente (CUNSUROC)
Universidad de San Carlos de Guatemala

“Cuanto más corrupto es el Estado, más leyes tiene”
Tácito

Posiblemente en ninguna época de la historia, como la actual, se haya debatido y analizado sobre diversos problemas socioeconómicos mundiales; sistematizaciones del poder democrático en el contexto de lo regional y lo global; en la lucha por mantener los procesos de la participación ciudadana, del poder local y de la observancia institucional sobre la transparencia del gasto público y la seguridad territorial, tanto en el ámbito de lo regional, como la lucha en contra del terrorismo.

Por lo tanto, el énfasis para arraigar nuevas vías transitorias en contextos estructurales y supra estructurales que debieran ser eficaces, eficientes y ante todo con una responsabilidad administrativa del Estado, lo cual supuestamente debería generar y potenciar el bien común, nos lleva a reconocer que hombres y mujeres debiéramos tomar el concepto, qué hemos venido a este mundo para distintos designios, únicos e irrepetibles. Con esto reflexionamos que tenemos algunas opciones: o se vive, dentro de la invisibilidad, el anonimato y el silencio; o vivimos una vida excepcionalmente íntegra, llena de valores para la construcción de una mejor sociedad.

En la sociedad griega clásica, aproximadamente desde el año 582, antes del nacimiento de Cristo Jesús, resulta que algunos filósofos como: Pitágoras, Platón, Aristóteles y Sócrates hicieron énfasis sobre la obediencia, la sencillez, la ética, la moral, la política, lo justo, la virtud, la república y la dêmokratía, elementos no muy bien valorados por parte de la clase política en el país.

En el siglo XIX, una de las obras contemporáneas por excelencia, fue: “La democracia en América” de Alexis de Tocqueville (1805-1859). Aquí, este autor queda impresionado y reflexiona sobre la construcción de una nueva forma transitoria política en los Estados Unidos, la cual es totalmente distinta al establishment aristocrático político europeo del siglo XIX.

A consecuencia de su capacidad para captar la diferenciación política de ambos mundos, para Tocqueville (pensador, jurista, político e historiador francés), ese cambio y esa diferenciación entre el mundo europeo y Estados Unidos, estaba marcado por la aspiración a la igualdad entre los hombres; y esto resulta sugestivo para enfatizar que se establece una línea de diferenciación política entre la aristocracia europea y los nuevos aires de la democracia en la gran nación del norte de América.

Pero, en la sensibilidad política de América Latina, continúa discutiéndose sobre: los derechos de igualdad; la transición democrática y las formas de arraigar una administración pública transparente; potenciar la gobernabilidad; el accionar político y socioeconómico para acentuar la inclusión, el respeto por las autonomías y la libre auto-determinación de los pueblos; las cuáles fueron establecidas y sentaron precedente bajo la tutela de algunos intelectuales latinoamericanos como: Simón Bolívar, Emiliano Zapata, Juan José Arévalo, Jacobo Árbenz Guzmán, Omar Torrijos, Víctor Raúl Haya de la Torre, Salvador Ayende, Juan Domingo Perón, José Mujica, Rigoberta Menchú.

Hay que tomar en cuenta sobre las vías contrarias que ya no son tan “sorpresivas”, las cuales fundan obstáculos que interrumpen la inclusión democrática y que lógicamente tienen su impacto negativo en la formación social de las naciones latinoamericanas; en las cuáles podemos visibilizar la construcción de poderes paralelos y ocultos que son parte de la herencia de la vieja historia oligárquica y autoritaria militar latinoamericana, en donde a fin de cuentas se aventaja: el peculado, el nepotismo, el compadrazgo, la corrupción, y a cualquier otra forma de enriquecimiento ilícito a través del Estado.