miércoles, 16 de marzo de 2016

DE IMAGINARIOS  Y TORMENTAS


Uno va construyendo su correspondiente fase cognoscitiva y epistemológica, no por uno mismo, (esto sería un fatalismo propio del egoísmo e individualismo más excéntrico, cargado de orgullo e indiferencia), sino que hay que aclarar que uno va construyendo sobre tierra fértil, por lo que va aprendiendo y heredando del pasado, lo cual consciente o inconscientemente va enlazando todos los elementos críticos conforme se madura y se desarrolla una actitud y capacidad para explicar socialmente la realidad que se evidencia aparentemente frente a nuestros ojos, pero que necesita ser interpretada y analizado dialécticamente con todo y sus partes complejas y heterogéneas; y es aquí en donde al parecer la sociología y la antropología pasan a ser ciencias desmitificadoras, las cuáles combaten metodológicamente para quitar y romper el velo de la ignorancia o de la opacidad que no permite ver lo evidente con claridad, coherencia y sentido común.

En esta pequeña aventura sociológica quisiéramos remembrar las palabras del maestro Baldomero Arriaga Jeréz, cuando afirma que:

“pensar en la realidad nacional, no sólo es un ejercicio mental importante para la formación del espíritu crítico, sino también es un sustancioso pasatiempo intelectual que da muchas satisfacciones. Pero es al mismo tiempo un sacrificio espiritual, al comparar las realidades de otras latitudes desarrolladas con la nuestra.

Cómo es bien sabido, el nacimiento de la sociología como ciencia estará marcado por la intención no de analizar las circunstancias sociales de manera subjetiva o descriptiva, sino de tratar de problematizar y desenmascarar ciertas representaciones de la realidad, que los individuos asumen supuestamente de forma connaturalizada, pero que en esencia son estructuras de poder que se enfatizan para asediar, legitimar y construir estas estructuras a favor de sectores hegemónicos.

La tarea de la sociología es la de asumir una posición crítica en torno a las percepciones de la realidad estructural de la sociedad que en parte se arraiga en la conciencia colectiva, pero por encima de está hay un sector que controla la superestructura ideológica-política-jurídica, la manipula a su correspondientes intereses; y esto provoca que en la conciencia de una nación se cuestione, se pretenda quebrar o generar sismas políticos que deterioren el orden del sistema y en el que se deslegitime la realidad de una nación.

La angustia se apodera de uno, dada la impotencia de acción en que se encuentra”[1].

Esto posiblemente nos lleve a comprender que “la historia ya no es un flujo enigmático al que se sujetan los hombres y las cosas. Ya no es una cosa que haya de ser explicada por la intervención de poderes trascendentales o que se haga significativa por referencia a valores trascendentales. La historia es... el producto (aunque inconsciente) de la propia actividad del hombre... No contiene nada que no conduzca en último término a los hombres y a las relaciones entre hombres.”[2]

La presente investigación parte de la invitación establecida institucionalmente por la Dirección General de Investigación de la Universidad de la universidad de San Carlos de Guatemala (DIGI/USAC), puntualmente ésta temática es propia del programa de cultura, pensamiento e identidad de la sociedad guatemalteca. Este estudio es un esfuerzo en conjunto para tratar de analizar esencialmente sobre la temática de los imaginarios sociales y cómo esta percepción se malogra pesimistamente dentro de los rubros de la segregación[3], el racismo[4] y el clasismo[5], bajo una delimitación geográfica dentro de la sociedad del departamento de Suchitepéquez.

Empero hay que aclarar que en la presente obra, se manifiestan algunas controversias que van desde una aproximación al contexto “sociológico” como una disciplina positiva; y someterlo a cuestionamientos “empíricos” pero unido en los aspectos teóricos sobre las temáticas en discusión, en base a la contrastación sobre el contexto territorial del departamento de Suchitepéquez. En este sentido sociología, empirismo, teoría, población y territorio van fusionando y posesionándose en base a una serie de estructuras debidamente problematizadas y planteando sistemáticamente y coherentemente en el contexto hipotético; momentos que no pueden desligarse de las aproximaciones científicas.

Pero para abarcar problemáticas como la articulación de los imaginarios sociales y los efectos que genera en la construcción segregacionista, clasista y racista, no puede anularse el pensamiento de Durkheim, donde viene a demostrar que el sociólogo debía basar su trayectoria investigativa en elementos cuantificables; expresiones estadísticas que supuestamente reflejan las condiciones sociales y contradicciones sociales. Pero los aspectos interpretativos deben consolidarse dentro del pensamiento sociológico y filosófico, especialmente cuando se retoma las lecturas intelectuales de Mills o Balandier.

Pero la sociología en la actualidad debe tratar de rebasar estandarizado, lo aparente, lo subjetivo, ya que en medio de la diversidad sociológica y del vasto conocimiento de temas intelectuales extensamente abarcados, provoca toda una serie de ventajas como desventajas metodológicas para abarcar temáticas específicas. Pero el reto del sociólogo radica precisamente en tener la suficiente sensatez y el equilibrio/orden de poder priorizar y de reconocer la invisibilidad de la realidad para trasladarla al plano de la correspondiente objetividad.
Se debe establecer una atención sobre el lenguaje común, en la vida institucional, en las percepciones de la otredad, precisamente para construir parámetros críticos; y no precisamente para separar la vieja vanguardia de una “sociología revolucionaria”, frente a la “ciencia burguesa”.

No, sino de tratar de consolidar teorías científicas que puedan potencializar espacios de optimización en el área de la democratización y la inclusión; sin embargo una de las inquietudes es preguntarnos ¿quién incluye a quién? Ahí es donde el pensamiento crítico deberá de cuidar celosamente para elaborar una adecuada interpretación en el análisis de la sociedad bajo la génesis del siglo XXI.

Cuestionar y combatir en contra de los estereotipos y de las deformaciones cotidianas resulta una tarea en cierta medida angustiosa, pero las particularidades expresiones históricas de la sociedad guatemalteca, han evidenciado que los limitados logros democratizadores han sido efímeros o tímidos, frente al cúmulo de conceptos reaccionarios, externos –refiriéndose por ejemplo a las políticas contrainsurgentes o efectos colaterales propios de las políticas de la Guerra de Baja Intensidad (GBI) en Guatemala y América Central–, e internos; pero no imposible, ya que las aspiraciones de los guatemaltecos y guatemaltecas por consolidar el nuevo orden equitativo y transparente del Estado, sus instituciones, sus políticas y la ciudadanía, implica por reconocer los viejos errores del pasado para consolidar una nueva percepción sensible y creativa que construya la significación de la nueva guatemalidad.

Este proyecto afanoso está proseguido por cuatro capítulos. Los dos primeros de carácter teóricos-metodológicos en donde se presentan algunos antecedentes importantes para una mejor comprensión de lo que va tratar de discutirse y sensibilizarse sobre la temática a retomar; y los otros dos, fueron desarrollados sobre la propia discusión y contradicción socio-cultural de la sociedad del departamento de Suchitepéquez.

El primer aporte de la actual investigación construye, discute y abre un debate teórico concerniente a los conceptos de imaginario social; segregación, racismo y clasismo; y asimismo sirve de sostenimiento teórico.

A la vez, se desarrolla de forma sintética sobre algunos autores y discusiones académicas; describe algunos elementos teóricos a considerar a la hora de aproximarnos a la teoría de los imaginarios sociales y su aplicación específica en aquellos grupos étnicos que históricamente han quedado relegados en el subdesarrollo y expuestos ante la falta de oportunidades. Se reconoce que los imaginarios sociales reproducen el pensamiento dominante y que finalmente es asumida, proyectada o internalizada bajo temor por los sectores populares, quienes resultan grupos humanos vulnerables en la sociedad, pero en donde toda esta conformación ideológica dominante se ha sostenido desde los periodos colonial y republicano, fusionándose e incidiendo caóticamente en el presente.



[1] . Arriaga Jérez, José Baldomero. El atraso de Guatemala: ¿causa o efecto social? Guatemala: 1ª. ed., Universidad de San Carlos de Guatemala, Centro Universitario de Occidente, Departamento de Investigaciones Económicas y Sociales (DIES), cuaderno de reflexión social, Quetzaltenango, abril de 1993. P. 3.
[2] . Lukács, Gyorgy 1971. History and Class Consciousness. Cambridge MA: MIT Press. [Ed. cast.: Historia y conciencia de clase. Grijalbo: México. P. 186.
[3] . La palabra segregar viene del latín segregare (separar, apartar de un grupo), pero el vocablo latino se compone de un viejo prefijo de alejamiento presente, en pocas palabras como por ejemplo secesión, y de la raíz de grex, gregis (rebaño). Así pues segregare significa en origen apartar del rebaño. Congregar es lo contrario, reunir en un rebaño, y egregio es el que sobresale del rebaño (prefijo ex). Todas estabas palabras contienen la misma raíz, así como el término grey, que propiamente significa rebaño. Separar o partir algo de otro u otras cosas. Separar y marginar a una persona o a un grupo de personas por motivos sociales, políticos o culturales.
[4] . La palabra racismo viene de raza y del sufijo ismo=’doctrina’. Exacerbación del sentido racial de un grupo étnico, especialmente cuando convive con otro u otros. Doctrina antropológica o política basada en este sentimiento y que en ocasiones ha motivado la persecución de un grupo étnico considerado como inferior.
[5] . Actitud de quienes defienden la discriminación por motivos de pertenencia a otra clase social.

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